Gloria... una mujer pequeña, pero con el corazón del tamaño de un gigante.
Siempre que escuchaba música ponía sus pies a seguir el ritmo de la canción, "de chiquita siempre fui bien bailadora".
"También siempre fui bien peleonera, yo no me dejaba", era algo que solía decir y que demostraba la fuerza de su espíritu mientras que la dulzura de su mirada nos hablaba de amor y ternura.
Hoy Gloria se fue y todo es diferente.
Ya no la vemos en recepción saludando y platicando con cualquiera que entrara por estas puertas. Tampoco la escuchamos cantar esas melodías de antaño "las canciones viejitas siempre fueron mejor".
Pero no se fue del todo, pues permanece en nuestros corazones y en nuestra memoria. Y nos parece escuchar su dulce voz y su tierna mirada mientras bailamos al compás del vals en sus quinceaños.
Sigue siendo esa mujer aguerrida y tierna a la vez Gloria, dulce y peleonera, triste y bailadora... sé así donde estés porque así te conocimos y así sigues siendo para nosotros... así sigues estando presente.
Te vas... pero te quedas.
†