Ser enfermera es una de las profesiones más sacrificadas, criticadas y menospreciadas que nos imaginemos... pero también es una de las profesiones que más sentido de plenitud dan.
Hoy reconocemos en su día a las enfermeras que en Casa Betti atienden a cada una de las señoras que aquí viven.
Enfermeras que con sus conocimientos, con su paciencia, con su cariño, pero más que todo, con su corazón, hacen la diferencia en cada una de las vidas que de las manos de ellas dependen.
Dirigidas por la doctora, las enfermeras aprenden, se especializan, crecen en conocimiento y experiencia, pero también en respeto, en trato digno y en amor para todas las Damas Betti.
Aquí descubrimos para quiénes esto es más que un trabajo es una vocación.
Pero no solo reconocemos el trabajo de ellas. También reconocemos a esas enfermeras que ahora son pacientes nuestras, como Rosalina, Tere, Lulú y Dulce, quienes en conjunto suman más de 160 años de servicio ayudando a los demás.
Mujeres como Lulú y Tere, que ayudaron en los terremotos de 1985 y en las explosiones de San Juanico. Mujeres como Dulce y Rosalina, que dieron servicio en el ISSSTE, La Raza, Hospital General y Centro Médico, tan solo por mencionar algunos lugares. Mujeres que también cuidaron ancianos con amor y dedicación.
Así es como se unen generaciones por una sola y constante causa.
Felicidades a todas las enfermeras y a las enfermeras de Casa Betti... nuestro más profundo agradecimiento.
“Si salvas una vida eres un héroe, pero si salvas cien vidas eres una enfermera”.
~Anónimo.
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