"En ese momento las Damas Betti sintieron el verdadero terror".
O en otras palabras, las Abuelas Betti no esperaban que la clase de hoy fuera de matemáticas.
Sumas, divisiones, restas, multiplicaciones... ya no sentían lo duro sino lo tupido. En las caras de algunas se reflejó la desesperación, otras, decidieron encomendarse al santo de su devoción... pero de manera inesperada, se organizaron y comenzaron a trabajar en equipo.
Las que no podían ver pero que tienen una mente de calculadora les dictaban a las que podían escribir, y las que podían prestar dedos, se los daban a quienes les faltaban.
Al final, unidas, todas salieron adelante de esta prueba matemática, con resultados sobresalientes.
Y el terror, se convirtió en orgullo, a tal grado que me dijeron, "Juan Carlos, a ver si para la próxima nos pones algo más difícil".
Ellas son las grandes Señoras Betti... no le tienen miedo a nada.