Si, así era Ofelia.

Una mujer pícara, sumamente inteligente, fuerte, firme, de carácter, pero también amorosa y entregada a su familia. Una mujer dura, como esas de las que ya casi no hay. Que le gustaba hacer las cosas a su manera aunque a veces esta no fuera la mejor.

Una mujer rodeada de una familia que en todo momento estuvo ahí, para ella. Hijas que lo hicieron todo por ella. Nietas y nietos que la llevaban a las más locas aventuras... e hijos que siempre llevó en su corazón.

Hoy, Ofelia, se ha ido.

Hoy queda un lugar vacío en su mesa. Hoy siguen sus muebles en su habitación, y, pareciera que, por un momento, se escucha su voz.

Pero no es así.

Sin embargo, no se siente como una ausencia, no. Por el contrario, se siente como una presencia demasiado grande.

Creo que así pasa con las almas de ese tamaño.

Se dice que una tumba frecuentemente encierra dos corazones, pero en tu caso, Ofelia, te llevas los corazones de muchos, de tus hijas, de tus nietos, de tus bisnietos y de aquellos que tuvimos la fortuna de conocerte.

Seguiré buscándote en los pasillos, seguiré, tocando tu puerta, seguiré platicando y peleándome contigo, porque sé que sigues aquí.

Porqué sé que siempre fuiste así... y mujeres como tú, no cambian.

Te queremos Ofe.