El Día del Niño no es solo una celebración para los pequeños; también es un recordatorio de que todos llevamos dentro un niño que nunca desaparece. En las personas de la tercera edad, ese niño se manifiesta en la ternura de sus recuerdos, en la risa que aún brota espontánea y en la capacidad de asombrarse ante lo sencillo.

Aunque sus cabellos se hayan tornado plateados y sus pasos sean más pausados, en su interior sigue viva la curiosidad de la infancia, el deseo de jugar con la vida y la nostalgia de los días en que todo era descubrimiento. Cada arruga guarda la historia de aquel niño que soñaba, corría y aprendía, y que hoy se expresa en la dulzura de sus consejos y en la alegría de compartir momentos con quienes los rodean.

Celebrar el Día del Niño junto a nuestras damas Betti es reconocer que la niñez no se pierde: se transforma en sabiduría, en ternura y en la capacidad de disfrutar lo simple. Ellas nos enseñan que ser niño no depende de la edad, sino de mantener viva la esperanza, la imaginación y la alegría de existir.

Fotografías del día de "las Niñas"